Durante demasiado tiempo, la sociedad ha normalizado el dolor menstrual severo, relegando a muchas mujeres a años de sufrimiento silencioso bajo la creencia errónea de que “la regla duele y es lo que hay”. Sin embargo, detrás de ese dolor incapacitante, que a menudo se extiende más allá de la menstruación, se esconde una enfermedad crónica y compleja que afecta a millones de mujeres en España: la endometriosis.

La endometriosis es una patología en la que el tejido similar al endometrio, que normalmente recubre el interior del útero, crece fuera de este. Este tejido ectópico reacciona a los cambios hormonales del ciclo menstrual, sangrando y causando inflamación, adherencias y quistes, lo que se traduce en un dolor intenso y una amplia gama de síntomas que impactan profundamente la calidad de vida de las pacientes. A pesar de su prevalencia, con estimaciones que indican que afecta a una de cada diez mujeres en edad fértil, el camino hacia un diagnóstico preciso es, lamentablemente, largo y frustrante para muchas.

Uno de los mayores desafíos a los que se enfrentan las mujeres con endometriosis es el considerable retraso en el diagnóstico. En España, este periodo puede extenderse hasta una media de siete a diez años desde la aparición de los primeros síntomas. Este lapso de tiempo es devastador, ya que permite que la enfermedad progrese, causando un daño mayor y cronificando el dolor, además de afectar la fertilidad y el bienestar emocional y psicológico de las pacientes.

La raíz de este problema es multifactorial. En primer lugar, persiste el mito cultural de que el dolor menstrual intenso es una parte inherente de ser mujer. Esta creencia lleva a que tanto las propias afectadas como, en ocasiones, algunos profesionales de la salud, minimicen los síntomas, atribuyéndolos a una “regla fuerte” o a una baja tolerancia al dolor. Muchas mujeres crecen escuchando frases como “es normal”, “te quejas demasiado” o “ya se te pasará al tener hijos”, lo que las disuade de buscar ayuda o de insistir cuando sus quejas son desestimadas.

En segundo lugar, la naturaleza heterogénea de la endometriosis complica su identificación. Los síntomas varían enormemente entre una paciente y otra, pudiendo manifestarse como dolor pélvico crónico, dismenorrea severa (dolor menstrual), dispareunia (dolor durante las relaciones sexuales), dolor al orinar o defecar, fatiga extrema e incluso problemas de infertilidad. Esta diversidad de presentaciones hace que la enfermedad pueda confundirse con otras condiciones, o que los focos de tejido endometrial no sean visibles en las pruebas de imagen iniciales, como las ecografías rutinarias. A menudo, un diagnóstico definitivo requiere una laparoscopia, un procedimiento quirúrgico invasivo que no se realiza a la ligera.

La falta de concienciación y formación específica sobre la endometriosis entre algunos profesionales sanitarios es otro factor crítico. Aunque se están realizando esfuerzos para mejorar la formación, todavía hay un camino por recorrer para que todos los médicos, desde atención primaria hasta ginecólogos, estén plenamente capacitados para sospechar y derivar adecuadamente a las pacientes con síntomas sugestivos de la enfermedad. La creación de unidades especializadas en endometriosis es fundamental, pero su número aún es insuficiente y su acceso desigual en las diferentes regiones de España.

Para las pacientes, reconocer los síntomas y no normalizar el dolor es el primer paso vital. Si experimentas dolor menstrual que te incapacita, que no mejora con analgésicos comunes, que interfiere con tu vida diaria o que se presenta en otros momentos del ciclo, es crucial que busques ayuda médica y que insistas hasta obtener respuestas. Documentar tus síntomas, su intensidad y su impacto puede ser de gran ayuda para tu médico. La concienciación sobre la endometriosis es una herramienta poderosa para acortar este periplo diagnóstico y garantizar que más mujeres reciban la atención y el tratamiento que merecen, mejorando su calidad de vida y su bienestar general.

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